Ana de la Morena

“Todos los profesionales del sector estamos a la espera de algunas resoluciones que marcaran el futuro de los planes de reestructuración en España” 

¿Siempre quiso dedicarse al Derecho concursal? 

No, mi vocación no fue de inicio, pero siempre lo tuve presente en casa. Mi padre es abogado y mi madre economista, así que al final soy fruto de ambos, un abogado mercantilista con formación empresarial. 

Al finalizar la carrera de derecho, mi primera especialización fue en propiedad intelectual. 

¿Cómo y por qué decidió especializarse en Derecho de la Insolvencia? 

En el año 2010 comencé a trabajar en el despacho familiar y esencialmente se llevaba derecho concursal. A partir de ese momento, comencé mi formación en derecho concursal, contabilidad, y administración concursal con intensidad. Mi especialización actual, por tanto, vino requerida por el despacho. 

Nunca me imaginé especializada en derecho concursal, una materia que en la carrera casi ni se toca, pero que en la actualidad disfruto mucho. 

¿Cómo definiría su día a día profesional en una línea? 

Depende del día, unos son muy rápidos, con la agenda llena y se viven con mucha intensidad y, otros suelen ser más calmados y uno puede disfrutar del silencio y la concentración. 

En  el  actual  contexto  económico, ¿cómo valora la actual situación del derecho de insolvencia en nuestro país? ¿Cree que se encuentra bien valorado por el tejido empresarial? 

En España hemos avanzado mucho en derecho de la insolvencia. Es un derecho de la insolvencia que ha ido madurando a marchas forzadas desde el año 2003, debido a las diferentes crisis vividas, pero que en la actualidad sigue madurando esencialmente tras la gran reforma llevada a cabo por la Ley 16/2022 y los desajustes técnicos y procesales a los que nos enfrentamos día a día. En la actualidad son los mecanismos introducidos referentes a la pre insolvencia, libro II, los que deben madurar, crecer y asentarse. 

En el tejido empresarial hablar de insolvencia es peor que hablar del diablo. De hecho, hay en determinados sectores en los que simplemente una filtración de una comunicación de negociaciones para alcanzar un acuerdo de reestructuración, ya es sinónimo de muerte. Esta es la realidad y lo que vemos en nuestro día a día. 

Afortunadamente todos los profesionales que nos dedicamos a este sector estamos tratando de cambiar la connotación negativa que tiene el derecho de insolvencia y quiero pensar que lo conseguiremos. 

En un contexto de inflación y aumento de los costes, ¿cómo se encaja la actual figura de los planes de reestructuración? 

Creo que es un mecanismo que va a dar mucho juego, ya lo está dando. Todos los profesionales del sector estamos, en este momento, a la espera de algunas resoluciones que marcaran el futuro de los planes de reestructuración en España. 

Los planes de reestructuración son un instrumento muy útil siempre que se utilicen en el momento adecuado, es decir en un supuesto de probabilidad de insolvencia o de insolvencia inminente, porque es cuando existe mayor margen de maniobra. Para que un plan de reestructuración funcione, tiene que existir valor en la compañía y necesariamente un colchón de tesorería. La anticipación es clave. 

¿Se ha producido un aumento de procedimientos concursarles tras la entrada en vigor de la Reforma Concursal de septiembre del 2022? 

Sí, es lo que indican las estadísticas. Se ha incrementado el número de concursos en 2023, si bien vemos que el mayor aumento de concursos lo es de concursos de persona física y de concursos sin masa. Es cierto, que también ha habido un incremento de concurso de pequeña y mediana empresa derivado de la imposibilidad de pago de los créditos con aval ICO, que se concedieron de forma masiva durante la pandemia y, que, si bien supusieron un balón de oxígeno también, en muchos casos, alargaron una agonía que ya se veía que acabaría en liquidación. 

El dato positivo, que al menos yo quiero deducir de esta estadística, es que se está llevando a cabo una limpieza en el mercado de todas esas sociedades zombies y sin actividad, lo cual es positivo y, por otra parte, las empresas viables o con  algún  problema  de  insolvencia 

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